Hoy ha sido un día de cumpleaños.
La tarta la compramos en Dioni. Por lo visto tiene más de un local, el que más cerca nos caía era el de la calle Concepción. Encargamos una tarta de bizcocho con trufas, recubierta con una capa de yema de huevo y encima una placa de tocino de cielo. La “ojomeneada”, a parte de tener antojo de tocino de cielo, es alérgica a la lactosa, de ahí la extraña pero deliciosa combinación de la tarta.

Perfecta, un 10. Los agujeros son de las velas que pusimos (casi las 60, y porque no cabían todas!).
Para cenar fuimos al restaurante Miramar, famoso en Punta Umbría. Menos mal que reservamos mesa, estaba lleno. Por lo visto empezó siendo hace mucho tiempo un chiringuito como otro cualquiera con puerta directa hacia la playa, suelos de cemento, manteles de papel y sillas de plástico.
Ahora es un restaurante de madera y cristales con vistas a la playa de lo más coqueto.
Desde luego su dueño tiene que haberse montado en el dólar.
Comimos las famosísimas coquinas de aquí, que por lo visto no se preparan en muchos sitios, sólo en Huelva, Cádiz y poco más en España. Riquísimas.

No quedó ni el caldo, se hicieron “barquitos”.
También comimos adobo, acedías, salmonetes, chocos fritos… Cosas muy típicas de aquí y todo buenísimo. No había nada que supiera a fritanga, y más les valía. Nos salió la cena a 40 € per cápita aproximadamente.
De vuelta a casa vi una cosa que me recordó al blog de los 59€, pero que se ve mucho: cosas atadas al mobiliario urbano.
En este caso puede que sea de un vendedor ambulante que se pone en esa calle por las mañanas. Los hay que tienen una cara…





